Lo que callamos los varones

No fue hasta que me miré a los ojos a través del espejo en que realmente lo vi. Esa persona que era -que es- yo estaba mirando su barriga trabajada, redonda, grande y con parada de embarazada. Con las dos manos, hacía círculos como los hace Andrea y sonreía satisfecho. Fingiendo que era mi barriga de embarazo (para los que hasta ahora no entienden). Recién en ese momento me di cuenta que todo el silencioso trabajo de las últimas semanas, mejor dicho meses, había dado frutos sin que siquiera yo haya tenido conciencia de que algo en mi había elegido tener una barriga de embarazado.

La pandemia obviamente la logró disimular. ¿Quién no ahogó su ansiedad en helado o la taponeó con brownies? ¿Quién no pospuso, colapsado por el desgano, sus workouts planeados? Y a eso lo achaqué: la pandemia me engordó. Ahora veo que era una mentira. Por más que desde que escribo este blog -incluso antes- algo ya daba señales de que quería vivir mucho más de este embarazo de lo que mi sexo permitía. 

Pero nunca imaginé que llegaríamos hasta aquí. Que llegaría hasta aquí. Hasta que me reconocí, en el espejo, mirando mi barriga como embarazada feliz. Que quede claro, concientemente eso sí no quiero. No quiero una barriga de embarazada. Mi rutina volvió a los 7 días de verme. Volvió la mesura (un poco) y el ejercicio. Aunque no dejaré de aceptar que esos siete días entre que me di cuenta y que volví a mi rutina y orden, mientras comía sabiendo que alimentaba mi barriga, solo esos siete díitas de conciencia sin rutina, me di permiso para despedirme de mi barriga y me la froté mucho. 

Ni bien me despedí dije basta, quiero vivir más de esto del embarazo, pero no así. No necesito hacerme una pseudo- barriga de embarazada para sentir esto. Además, faltan 2 meses, Lorenza está casi aquí y ya habrá muchísimo por sentir. De ahí pense en Carlos el portero y sus antojos. Y en todas las amigas que me contaron que sus esposos se habian engordado o vomitaban durante sus embarazos. Me di cuenta que no estaba solo y que tocaba revelar secretos.  Resulta que muchos vivimos nuestros embarazos inconscientemente eligiendo imitar síntomas, el principal de los cuales es hacernos una barriga. Ojo, ni somos concientes de ello, solo sucede, como que fuéramos el pasajero en el auto en que se toman esas decisiones. Y no es mentira, como este post (https://www.healthline.com/health/pregnancy/couvade-syndrome#symptoms) hay miles y de fuente seria. Esto, que siempre le ha pasado a un amigo de un amigo se llama couvade. Bueno, también me pasó -y así de extremo- a mí y a muchos más de los que lo quieren aceptar y compartir.

Lo lindo es que es una expresión de lo que queremos y no podemos hacer con nuestros cuerpos. Es perfectamente normal, aunque físicamente no tan saludable. Es una manifestación física de ser un papífero, un hombre que muy, muy adentro también quiere (y no puede) ser mamá. Hoy, que ya me ampayé, que ya me vi consciente, habiendo esculpido -a punta de comida y flojera- una panza de embarazado, ya puedo parar. Pero qué gracioso me pareció encontrarme conmigo así. O sea, loco, y aterrador (al inicio, al menos) pero sobre todo, tierno. Me di mucha ternura. En fin, ya viene Lorenza y con su llegada el fin de esta etapa y el inicio de muchas otras. Pero mientras tanto, muy loco esto del embarazo.

2 comentarios sobre “Lo que callamos los varones

  1. Hola papifero! Acabo de encontrarte. Yo siempre te he visto a través de los chicos que acompañan a las mamíferas en las reuniones que ofrezco.
    De todos ellos algunos no reconocen el papifero que llevan dentro.
    La sociedad agradece tu aportación. Al permitirte ser y sentir lo que significa procrear, acompañar el embarazo de tu «compañera de Co. creación» e ir grabando vuestra película sin cortes para dejar testimonio del desempeño de cada uno de vosotros tres… Lo único de lo que me voy a quejar es que hayas contenido las lágrimas…

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