Será porque soy contreras o qué sé yo, pero en esta semana que nos recuerda con dolor, miedo y ansiedad las peores semanas de marzo y abril del 2020, yo estuve lleno de esperanza. No de la que viene de las noticias, esa es inexistente. Sino de la que viene de otras novedades. Siempre me dieron rabia las personas que se concentraron en “todo lo bueno” que nos deja la pandemia. Me desesperan. Desde el día uno. Me dan ganas de vomitar y de devolverlos a las clases de mindfullness en las que viven. Sin embargo, solo por esta semana, me encontré con una de esas cosas. Así que un break para mis amigos “agradecidos” por el peor año del último siglo.
Resulta que otra de las cosas por las que “podemos estar agradecidos” debido a la pandemia es que en muchas clínicas, las citas son personalísimas. Así que el paciente va solo. Y como seguimos en una sociedad donde los hombres “no se embarazan”, entonces no podemos entrar a las citas ni ver ecografías, ni ser partícipes de nuestros embarazos. Ya renegué sobre esto lo suficiente.
Pero lo que muchos hemos hecho, en su lugar, sí me ha traído algo para agradecer (🤮). Resulta que, desde la primera cita, yo veo mis controles prenatales por Zoom, desde la tranquilidad de mi casa. Me siento en mi sala, conecto mi PC a mi tele de 60 pulgadas, y sigo la cita. Comencé a hacerlo así en agosto, la primerita. Una vez al mes, salvo una a la que me dejaron ir, seguí por Zoom. Y desde la primera se me ocurrió grabarlo todo.
Entonces, tengo grabados los controles prenatales de Lorenza. Todos. Tengo un ratito de cada vez que se le ve en un ultrasonido. Es más, como la tengo por zoom, el gran director de cámaras, hace los cambios de enfocarme a ella y a mí en el momento perfecto. Como cuando escuché el latido de su corazón por primera vez en la semana nueve (la semana siguiente a la que no lo sentí más cuando tuvimos la pérdida) y mi reacción de alivio, quedó grabada para la eternidad.


O poco más tarde cuando vi su cara de alien (sorry amor para cuando leas esto, de verdad los fetos parecen aliens buena parte del embarazo- pero tú eras un alien hermoso y con onda) por primera vez y sus manos de ET cerca de su cara mientras se apoyaba en el útero de Andrea.

O el bostezo más lindo del mundo que tengo guardado en vivo. El primero que le vi.

Tengo todo eso guardado. En mi compu. Las imágenes y nuestras reacciones y voces. Tengo más Gigabytes de información sobre Lorenza 2 meses antes de su nacimiento de lo que mi mamá tenía en mi “álbum” de bebe a los 5 años. Y mi mamá tenía bastante, ah. Todo esto, gracias (sí, dije gracias) a la pandemia. Lorenza a los 50 podrá verse antes de nacer. Y podrá ver nuestras reacciones y felicidad al saber de ella y de la ilusión que nos generó con cada actuación in utero. Me parece locaso.
Entonces, en una semana desprovista de toda esperanza, esta semana de mierda, me he ampayado viendo y volviendo a ver estos videos. Una y otra vez. Acompañados de música (My Girl de The Temptations). Escuchando a Andrea y su felicidad y emoción en cada cita. Viendo mis reacciones de alivio y asombro. Conteniendo las lágrimas cada vez.
Sin duda, me habría encantado estar ahí. Pero estos recuerdos son un increíble premio consuelo que además, lo más probable, es que niños y niñas nacidas en otros años no tendrán (yo al menos, estaré en las citas). Me pareció demasiado cool comenzar a revolotearme en esa felicidad esta semana. Aunque quizás es solo la emoción de sentirlo ya todo tan cerca.






