Una pérdida (no soy un superhombre)

La primera vez que sentí que los hombres no teníamos permiso de embarazarnos fue cuando tuve mi pérdida. No exagero cuando digo que, a pesar de que fueron menos de nueve semanas, la noticia sigue siendo una de las más dolorosas de mi vida. Pienso que lo único peor fue pasar por todo eso en la más absoluta y asfixiante soledad.

Hay algo sobre la forma de criar a nuestros hombres y las cargas que nos ponen encima que pienso nunca se luce más claramente que con una pérdida. Mi primera reacción fue proteger a Andrea. Ponerme en modo Superman. Todos los hombres tenemos que ser Superman. Es totalmente instintivo, pero también es totalmente demandado. Un poco por ellas (o al menos así se siente), un poco por la sociedad y mucho, pero mucho, por mí mismo. Las preguntas, de nuevo, fueron para ella. ¿Cómo está Andrea? La expectativa es de cuidarla a ella. Todos, incluido yo mismo, muy fácilmente nos olvidamos de Michel.

Entonces, una vez más la pérdida de mi subjetividad fue total. Nunca reparé en que realmente podía ser las dos cosas a la vez. No tenía que elegir. Podía ser parte del equipo y proteger a mi pareja sin renunciar a reconocer que detrás de ese súper héroe protector hay un ser humano. Con emociones y con sentimientos que también está sufriendo una pérdida, que también necesita ser cuidado. Una persona que también necesita amor. Que, al igual que ella, tenía ilusiones. Que no pasó físicamente por un legrado pero quizás esa fue la única parte del legrado que no tuvo que procesar. Casi que hasta fue peor no pasar por un proceso médico que me extirpe, al menos físicamente, la ilusión de la gestación.

Y así, entre lo que la sociedad esperaba de mí y lo que yo esperaba de mi mismo, el espacio para mis emociones y mi yo se hizo más y más chiquito. Decidí, tontamente, que no había suficiente espacio en nuestra casa para todo mi dolor aun menos para encima sumárselo a Andrea. Así es como, mentalmente, me encerré en mi soledad.

En mi soledad y con mi rabia. En un plano, yo estaba seguro que nadie tenía la culpa de lo que me pasaba. Pero una parte de mí que yo ni siquiera controlaba le reclamaba algo a Andrea. Quizás porque estaba con rabia y ella estaba más cerca, quizás porque, por una arbitrariedad biológica, Vicente había estado en su cuerpo. Quizás porque no quería culparme a mí mismo, aunque también lo hacía. Sea como sea, la culpaba y me culpaba por cosas que ninguno de los dos jamás tuvo la chance de controlar. Por si fuera poco, yo sabía que ella sentía mi reclamo. Todo se hizo más difícil porque pocos hombres nos damos el permiso de decir estas cosas en voz alta. No fui la excepción. Los súper héroes no culpan a sus rescatadas (siempre son mujeres, además). Con razón Batman es un amargado de mierda, pues. Y le resiente todo a todo el mundo.

Por si fuera poco, se activó mi aprendida dificultad con la vulnerabilidad. Me corría del dolor porque era más fácil. Allí, estaba la trampa. Más fácil preocuparme por Andrea que tener que lidiar con la pérdida de Michel, ¿no? Sobre todo si yo soy Michel. Entonces, cuando ella quería hablar conmigo, me escapaba. Casi que, “¿Pérdida? ¿qué pérdida?” Así no le permitía ver mi dolor porque los hombres no lloran. Puta madre, ¿ahora ven cómo nos programamos a nosotros mismos? Los hombres no lloran. ¿Cómo decidimos conscientemente no estar equipados para momentos como este?

Me demoré muchísimo en aprender a compartir ese dolor, con mis amigos, con mi familia y con otros hombres que pasaron por lo mismo, ¡qué alivio verme reconocido en ellos! Me demoré en aceptar que no puedo hacerlo todo solo. Sobre todo, me demoré en compartir el dolor con Andrea. En pedirle ayuda. Superman no sobrevive la pérdida solo, o quizás sí. Pero, Superman no existe. Los hombres de verdad sobreviven las pérdidas acompañados. Reconociéndonos. Recordando que, nosotros también somos seres humanos, con emociones, que sienten y que a veces necesitan ayuda sin por eso ser un ápice menos hombres.

El segundo que yo decidí mostrarle cómo me sentía y Andrea me vio, el dolor no terminó, pero sí la soledad. Para mí y para ella también. El dolor no nos abandonó, su sombra nos acompaña incluso hoy. Pero enfrentamos esa oscuridad juntos. Después de todo, ella no quería tener un hijo con Superman. Quería tener un hijo conmigo.

4 comentarios sobre “Una pérdida (no soy un superhombre)

  1. Esto que haces es tan fundamental: quisiera poder regalarte la atención de tantos hombres, de todos los hombres. De todas las mujeres…de las personas, que sería la palabra con la que mejor tendríamos que comunicar.

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    1. Hola! ¡Gracias por TU atención! Da mucho miedo escribir de estas cosas. Comentarios como el tuyo me alientan a seguir. Siento que hablando del tema nos damos permiso para cada vez hacerlo más. Gracias!!!

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  2. Michel, que buen artículo. Me siento completamente identificado. Yo también tuve la carga de súper héroe para Ma Paulina con la perdida de Valeria y otras dos más, y más que el dolor es la Soledad y dejar de lado tus emociones, tus sentimientos y tu forma de querer manejar la pérdida para sllo dar espacio a la forma en que ellas lo quieran manejar. No nos hemos conocido pero compartimos el mundo Aequales en el que ellas hoy luchan por la equidad para las mujeres y ahí hay también espacio para que los hombres rompamos también las barreras de Súperheroes.
    Un abrazo,

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    1. Creo que recién estoy descubriendo cómo la lucha de ellas en la vida profesional es la nuestra en casa y en nuestras emociones. Siempre es reconfortante sentirme acompañado en el camino, gracias por tus palabras!

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