Hola, ¡estoy embarazado! Sí, los hombres también nos embarazamos. Obviamente, no hablamos de eso. Está prohibido. Papífero es mi esfuerzo por levantar la prohibición. No soy experto. De hecho, soy inexperto. No he pasado por otro embarazo. Sin embargo, voy 5 meses de este y ya siento que he pasado por bastante. Entonces, voy a tratar, por acá, de compartir, con quién sea que quiera escuchar, cómo ha sido mi embarazo para mí y cómo lo será, espero, semana a semana si no me gana la flojera. Así que comencemos por el principio.
Hola, soy Michel y estoy embarazado.
Hay un rollo con el protagonismo del embarazo. He estado dándole vueltas sobre cómo y si es que de verdad quería gritarle al mundo sobre mi estado y mi reclamo. Pero hoy, hoy mientras corría como un hámster rechonchito alrededor del parque Melitón, sintiendo todos los 6 kilos que la pandemia, y seamos honestos, mi embarazo, me ha puesto encima, escuché a mi entrenador burlonamente decirme “no te olvides que la embarazada es ella, ah” mientras me señalaba con sorna la barriga. Obvio que sé que estoy susceptible, pero sentí que eso era todo. Esa será la última vez que escuche que yo no soy parte del embarazo sin hacer algo al respecto.
Y acá estoy. Pero esto no es un chiste. Es totalmente cierto que son las mujeres las que biológicamente se embarazan. Es innegable que sus cuerpos pasan por cambios, que es horriblemente incómodo, que vomitan todo el día, que te odian por algunos meses. Todo eso es cierto. Acá no estoy para negarlo.
Sí estoy, sin embargo, para afirmar, muy en alto, que también pasan cosas con nosotros, los embarazados. Nadie nos pregunta. No hay espacio, ni en nuestras propias cabezas, para eso. Es un mundo solitario para el superhombre porrista principal de la (“verdadera”) embarazada. Muy solitario.
Yo digo que le pongamos fin a eso. Yo quiero estar en todas en mi embarazo a pesar de que no tengo tetas… ok, a pesar de que no debería tener tetas. En todo caso no tengo tetas que dan de lactar. No tengo útero ni vagina y no llevaré a Lorenza en mi vientre nunca. Pero están pasando cosas por mi cabeza y con mi cuerpo desde que me enteré que ella vendría y hasta mucho antes. Cosas como ansiedad por proveer, antojos que solo compartí en confidencia con mi portero Carlos y a su iniciativa porque lo que queda de mi masculinidad tóxica no me permitió decirlo primero. Cosas como saber que yo no gestaré biológicamente a Lorenza que aunque ya lo sabía desde segundo grado no deja de sentirse totalmente diferente y nuevo, y un poquito más difícil de aceptar, ahora.
Estas cosas, están pasando todo el tiempo, pero a la sociedad, a excepción de quizás mi mamá, no le interesan. ¿Cómo está Andrea? Todo el mundo pregunta, cómo está Andrea. Yo también pregunto. Le pregunto a ella, me preocupo. Pero, ¿a caso alguien me pregunta a mí? Nadie sabe lo que está pasando una mujer cuando está embarazada, cierto. Pero, ¿a caso alguien sabe lo que está pasando un hombre cuando su esposa está embarazada? ¿Cuando su pareja (y él) tienen una pérdida? ¿Cuando le gritan te odio porque usa un jabón que en el primer trimestre ella no puede soportar? ¿Cuando me gruñe porque me provoca comer algo cuyo olor ella no tolera? O simplemente porque somos, nosotros los hombres, los que “le hicimos esto”. Y ni empecemos con la vida sexual. Nadie sabe tampoco cómo es eso, nadie sabe cómo es ser un embarazado. Mientras, el mundo insiste en cómo están ellas. Por alguna razón, no solo está prohibido que lo reclamemos. Yo mismo, acá en mi acto de rebelde valentía, me siento totalmente culpable de hacerlo. ¡A la mierda la culpa!
Acá vamos. Este es nuestro lugar. Estimado colega de embarazo, que no tiene tetas que den de lactar a pesar de llamarnos de la familia animal mamífera. Nos han engañado. Las mamíferas son ellas. Nosotros, que no hemos crecido alrededor de la cintura (tanto), que somos empujados a un costado oscuro del escenario, lejos del cañón de luz de la obra de la creación de vida: este es tu espacio. Ya no más oscuridad. Acá estamos, los papíferos. Los hombres tan embarazados como las mujeres. Esos que gozan, sufren, sienten y sobre todo se acompañan. Les cuento mis historias y ojalá eso los anime a hablar en voz alta de las suyas.
¿Nos oyen? ¿Nos escuchan? ¿Nos sienten?
¡Nos vemos la próxima semana!
